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El pez por la boca muere
Ricardo Peirano, 30 de octubre de 2026

Desde que Donald Trump hizo su ridícula y egocéntrica promesa de terminar la guerra en Ucrania en 24 horas si era electo presidente, la realidad lo ha ido persiguiendo sin pausa hasta su última maniobra “pro Putin” o “pro paz” basada en la derrota.
Fue el viernes 9 de octubre cuando Trump anunció su “acuerdo” con Putin para comprar diesel ruso en los próximos 3 meses y de ese modo ayudar a bajar el precio del combustible en Estados Unidos. Una cantidad sumamente reducida como para mover la aguja de los precios puesto que solo cubre un dia y medio de consumo americano. Trump estaba pensando más que nada en las elecciones de medio término que tendrán lugar el 3 de noviembre y en las que se juega el control de ambas cámaras.
Paralelamente anunció que había logrado un “cese del fuego energético” entre Rusia y Ucrania en el que supuestamente ambos países se comprometieron a no atacar instalaciones energéticas del otro. Por supuesto que Zelensky no sabía nada de esto o no se había comprometido a renunciar a su principal arma de defensa ante el ataque ruso. Y si Putin se comprometió o no, nunca lo sabremos. Solo sabemos que el 11 de octubre por la noche hubo un masivo ataque ruso con drones y misiles sobre instalaciones energéticas ucranianas. O sea, ningún compromiso de cese de fuego o compromiso roto antes de nacer.
En los días siguientes, la presión de Trump sobre Ucrania fue en aumento: reducción de la información de inteligencia para saber cuándo llegarían los ataques rusos, la amenaza de reducir aún más el ya reducido envío de armas americanas compradas con dinero de Europa y el levantamiento de las sanciones económicas a Rusia que fueron aprobadas por el Congreso en 2022 y que solo pueden ser removidas con autorización legislativa.
Y mientras tanto Trump seguía tratando a Zelenksy como el culpable de todo: desde la guerra en Ucrania hasta el aumento de los precios del diesel, pasando por haber dejado pasar muchas oportunidades (¿) de haber aceptado la paz. Oportunidades que nunca estuvieron en una mesa de negociación sino en la cabeza y en las palabras de Trump que quiere la guerra terminada no importa si Ucrania sobrevive a las demandas rusas.
Pero empeorar las cosas incluso en el frente interno, Trump levantó las sanciones a oficiales militares y civiles de Rusia establecidas recientemente por la Ley Graham, nombrada así en honor del difunto senador republicano Lindsay Graham. La respuesta rusa fue uno de los mayores ataques sobre infraestructura energética ucraniana. Y como si esto fuera poco, Elon Musk enlenteció las señales de su red Starlink en las cuales Ucrania se basa para repeler ataques rusos o para incursionar en territorio del país agresor.
El domingo 18 octubre Trump posteó en su red social un mensaje diciendo que “quería evitar que Rusia se fuera de las mesa de negociaciones”. Negociaciones de las cuales sabe nada, ni siquiera los ucranianos que son los que van a pagar el pato de la boda por haber resistido una invasión. Menos mal que Donald Trump no era presidente de los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial porque si no hoy toda Europa hablaría alemán.
Zelensky, muy desencantado, señaló en una entrevista con el periodista británico Piers Morgan que “Ucrania había perdido un gran aliado”, en referencia a la actitud de Estados Unidos respecto a la guerra de Ucrania.
Y en los propios Estados Unidos la reacción ante estos regalos de Trump a Putin comenzó a crecer. Seis senadores republicanos condenaron el acuerdo con Rusia por el diesel. El domingo 18 de octubre el Wall Street Journal, punta de lanza de la prensa conservadora americana, lanzó un durísimo editorial titulado “Para Rusia con amor, firmado Donald”, considerando el acuerdo de Trump con Putin como un error estratégico y moral.
Para complicar aún más las cosas, Putin señaló que pronto habría una reunión entre Trump, el líder chino XI Jinping y él para resolver la cuestión de Ucrania. Y cuando una periodista le preguntó a Trump si ya había acordado un encuentro trilateral con Putin y Xi, Trump dijo que aún no, pero aclaró : "Lo haría, sí". "No tanto por Ucrania, porque Rusia, francamente, se ha comportado bien con respecto a Ucrania. No han hecho gran cosa”. Una declaracion que muestra con toda claridad donde está el pensamiento de Trump.
La situación de Ucrania, a pesar de haber sobrevivido 4 años y medio al ataque ruso, es bastante complicada. Y probablemente no termine bien sin apoyo logístico de los Estados Unidos, que además provee municiones e inteligencia militar.
Además de todo, el escenario europeo no es favorable a Ucrania. En declaraciones a The Economist, Alice Weidel, co líder del partido de extrema derecha AFD, señalaba que la guerra de Ucrania estaba perdida, que no valía la pena destinar más dinero y que ella buscaba en su política exterior poner primero a su país. Una especia de “Germany first”, igual que Trump, mirando para adentro y dejando que el resto del mundo se destruya.
Si Trump inclina la balanza hacia Rusia con tal de cumplir su alocada promesa de acabar con la guerra en 24 horas, sin entender lo que realmente está en juego será un momento muy especial para Occidente. Es verdad que Europa no pasa por su mejor hora y las protestas en Francia, Italia y España lo demuestran.
Quizá la reacción deba venir de los propios Estados Unidos, como decía el Wall Street Journal en el editorial citado más arriba: “Una vez concluidas las elecciones legislativas, deberá haber una rendición de cuentas bipartidista sobre la incipiente alianza de Trump con el Kremlin contra Ucrania, Europa y los intereses estadounidenses”.