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Sería una pena
María Dolores Benavente, 14 de abril de 2026

Voy a dar una visión no neutral: fui partícipe del mismo desde sus orígenes como Vicepresidente de República AFAP y en años más recientes, Gerente General de AFAP Itaú. Y habiéndolo vivido, soy entusiasta del sistema mixto vigente en Uruguay desde 1996. Esta posición se apoya en evidencia, resultados y experiencia acumulada a lo largo de tres décadas. Tengo varias razones para ser entusiasta:
Entusiasta porque a mediados de los años noventa, se hizo evidente que el déficit del BPS avanzaba hacia niveles incompatibles con la sostenibilidad fiscal del país.
En aquel entonces, solo el déficit del BPS se proyectaba a más del 6% del PBI, cuando hoy nos preocupa y con razón, un déficit de todo el Gobierno en torno al 4%.
El sistema enfrentaba una verdadera bomba de tiempo, y la reforma de 1995 logró revertir esa trayectoria de forma clara.
Entusiasta porque la reforma dio lugar a una arquitectura moderna, alineada con las recomendaciones de la OIT, basada en tres pilares —no contributivo, contributivo y voluntario— que combinan reparto (BPS) con ahorro individual.
Entusiasta de que la gente tenga al menos una parte de sus aportes en una cuenta individual suya, tangible, que puede seguir mes a mes, heredable mientras está trabajando. No olvidemos que el 78% del total de Aportes jubilatorios sigue yendo al BPS -en los sueldos más bajos y sólo el 22% va a su cuenta en su AFAP.
Entusiasta de que, por cada peso aportado por el trabajador, las AFAP han logrado generar un monto adicional equivalente en las cuentas individuales. Ese resultado no surge por azar, sino de una gestión profesional de los fondos y de decisiones de inversión tomadas con horizonte de largo plazo.
Entusiasta porque ese ahorro acumulado permite complementar las jubilaciones pagadas por el BPS, con una renta vitalicia derivada del ahorro individual, mejorando de forma sustancial las tasas de reemplazo —en particular para los salarios más bajos— y sin imponer topes en el tramo generado por la AFAP.
Entusiasta de que, por primera vez en la historia del país, más de 1.7 millones de trabajadores tienen una masa de ahorro de 27 mil millones de dólares que representa un 32% del PIB.
Entusiasta de que estos ahorros de los trabajadores no permanecen inmovilizados. Se invierten en forma rentable y segura, dinamizando la economía real, generando un círculo virtuoso. De ese total, 20% está invertido en el sector productivo. En el período 1996-2025 hubo emisiones en el mercado de capitales por 7.700 millones de dólares. 76% de los valores privados en circulación se encuentran en los portafolios de inversión de los afiliados a las AFAP, representando 5.279 millones de dólares.
Entusiasta porque el sistema tiene una sana competencia entre empresas de capital estatal (Rafap) y empresas de capital privado (Itaú, Sura, Integración). Ese sano equilibrio no es ideológico ni accidental, introduce disciplina, diversidad de enfoques y reduce riesgos sistémicos. Se resguardan así los ahorros de los trabajadores frente a concentraciones monopólicas estatales que terminen utilizando los dineros de los trabajadores para otros fines, o licuándolos en inversiones ruinosas, tal como ocurrió con las Cajas estatales en la década del 1950.
Especialmente entusiasta de haber formado -y en algunas empresas, certificado- un cuerpo de Asesores previsionales de cada AFAP, altamente profesionales, que son el primer contacto que la ciudadanía tiene con el Pilar de Ahorro Previsional, y en algunas ocasiones directamente con el Sistema Previsional.
Estos equipos no solo brindan asesoramiento a los nuevos afiliados, sino que son proactivos en la difusión del Sistema y de la cultura previsional, informando no solo a trabajadores, sino también a empresas y organismos, brindando charlas y capacitaciones a refrentes de recursos humanos, de administración de personal y a la población en general.
En estos últimos años se realizaron más de 3.000 actividades (talleres, charlas y visitas a empresas), micros educativos de radio, televisión y redes sociales, con una llegada de más de 1,5 millones de personas.
Uno de los activos más valiosos del sistema es la relación directa que se construyó entre los trabajadores y sus AFAP. Una relación donde el afiliado puede identificar quién administra su ahorro, cómo se gestiona y dónde consultar.
Una relación que acompaña todas las etapas de la vida laboral y previsional: la afiliación, el crecimiento del ahorro, el acceso a prestaciones, la jubilación y, en los momentos más sensibles, el tratamiento de herencias y fallecimientos.
Los afiliados sienten que no son un número, que los atienden personas al servicio de las personas. Allí está el plantel de cada AFAP, sin demoras, sin cuellos de botella, sin decenas de miles de expedientes atrasados como en BPS, sin interrupciones de actividad que dejen de rehén al trabajador. Siempre analizando cada caso.
Después de 30 años de funcionamiento continuo, no existe evidencia que justifique romper un vínculo que ha demostrado ser eficiente, transparente y alineado con los intereses de los trabajadores y no con intereses políticos o ideológicos o de cuotas de poder.
No hay un solo argumento técnico para quitar esa relación que funciona y funciona bien entre las AFAP y sus afiliados. Ni uno solo.
Claramente es un tema ideológico. Y por un tema ideológico se tira por la borda 30 años de un sistema coherente y que funciona bien: para el trabajador, para el jubilado y para el Estado.
Si algo hay que reformar no es ni las cuentas individuales -gran defensa del trabajador para seguir sus aportes mes a mes- ni la relación de cada AFAP con los trabajadores afiliados, ni la administración profesional de los fondos, ni las comisiones que se cobran que son totalmente competitivas.
El foco debería estar en ampliar las opciones al momento del retiro (hipotecas revertidas, seguros de longevidad, Bonos, trabajo de Jorge Strimber) de manera de seguir perfeccionando el sistema, sin debilitar sus fundamentos que han demostrado muy buen funcionamiento en estos 30 años.
Sería una pena que esta Administración pasara a la historia como la que desoyó el pronunciamiento popular de un plebiscito, y dinamitó un sistema que funciona bien y que permite mejorar el bienestar a los ciudadanos y al país.