No hay impuesto sin representación

Ricardo Peirano, Semanario Voces, 27 de febrero de 2026

El pasado viernes 20 de febrero fue un día histórico para Estados Unidos (y, por ende, para el mundo). La Suprema Corte, en fallo de 6 a 3, dictaminó que los aranceles recíprocos que el presidente Trump había establecido en el famoso “Día de la Liberación” del pasado 2 de abril eran inconstitucionales.

El argumento básico de la sentencia redactada por el presidente de la Suprema Corte, John Roberts, es que los aranceles son impuestos y que los impuestos solo se pueden establecer con la aprobación del Congreso. Y desestimó el argumento de Trump de que la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional (IEEPA, por sus siglas en inglés) de 1977 le permitía decretar una emergencia y establecer todo tipo de aranceles, a cualquier nación, por cualquier motivo y a cualquier tasa que considere conveniente a su solo juicio.

El argumento de Trump era una manera no solo de cambiar la política comercial elevando las barreras arancelarias sino también de aprovechar los aranceles para impulsar su agenda de política exterior sin restricciones legislativas de ningún tipo. Algo muy adecuado a su estilo autoritario para decidir por sí mismo y para enfatizar en el “arte de acuerdo” (The art of the Deal), que tanto gusta al presidente. Hacer un “deal” es algo que le fascina, mucho más allá de establecer una política estable y predecible.

Lo que la Suprema Corte ha dicho es que para establecer aranceles, no lo puede hacer a su gusto y placer, sino que debe pasar por el Congreso. Porque al ser el arancel un impuesto (muy importante que la Corte reconozca esa característica), es propio del Congreso aprobar su establecimiento. Algo tan básico desde la Carta Magna de 1215, que limitó los poderes del Rey Juan Sin Tierra, y que es la base de la separación de poderes.

Como dijo el juez Roberts, “reconociendo la importancia única del poder impositivo y habiéndose generado una revolución (contra Gran Bretaña) en gran medida para defender el principio de que no hay impuestos sin representación (del pueblo), los Fundadores de la Constitución dieron solamente al Congreso el acceso a los bolsillos de la gente”.

Este fallo es muy importante porque deja sentado un precedente para que ningún jefe de Estado recurra a poderes especiales para eludir la autoridad legítima del Parlamento. De lo contrario, no solo Trump sino futuros presidentes podrían recurrir a poderes de emergencia económica para eludir la autoridad del Congreso y establecer impuestos sin limitaciones.

La Corte le dijo a Trump que se excedió en  su autoridad al interpretar la ley de Emergencia Económica como vehículo para imponer aranceles recíprocos o aranceles punitorios.

El juez Roberts fue muy claro. “El presidente se arroga la facultad extraordinaria de imponer unilateralmente aranceles de monto, duración y alcance ilimitados. En vista de la amplitud, la historia y el contexto constitucional de dicha facultad, debe identificar una autorización clara del Congreso para ejercerla". Y continuó: “Cuando el Congreso otorga la facultad de imponer aranceles, lo hace de forma clara y con estrictas restricciones. No hizo ninguna de las dos cosas en este caso”.

El Tribunal Supremo no se pronuncia sobre si los aranceles son buenos o malos sino sobre la autoridad del presidente para imponerlos sin pasar por el Congreso.

Luego, Trump dedicó un ataque sin precedentes a la Corte y a varios de sus miembros. Y, en lo que es muestra clara de su falta de límites en el ejercicio del poder presidencial y su forma ligera de juzgar a las personas, dijo: “Me siento avergonzado por los jueces que han votado en contra”. “Puedo aplicar un embargo, puedo destruir un país, ¡puedo hacer lo que me dé la gana! Pero no puedo imponer una pequeña tasa”.

Efectivamente, el presidente no puede hacer lo que le dé la gana, como pretende Trump. No puede hacer cualquier cosa en un país donde rija el estado de derecho y exista una verdadera separación de poderes. Desde la creación de la “república” y la abolición de la monarquía el presidente no es un Rey todopoderoso, sino el titular del Ejecutivo y sujeto a pesos y contrapesos.

Si Trump entiende o no este mensaje es algo que está por verse. Su reacción fue muy negativa hacia los jueces y el Tribunal.  Acusó  a la decisión de los jueces de estar «políticamente motivada”. “Los jueces que votaron en contra son una desgracia para el país. Están en contra de cualquier cosa que haga nuestro país grande de nuevo. Sea lo que sea, siempre dicen que no. No son patriotas, son desleales a nuestra Constitución”. En lenguaje de Trump, no ser patriota es votar algo que a él no le gusta.

Pero no dijo que desconocería el fallo sino que buscaría llevar adelante su política arancelaria usando otras vías legales que no pasan por el Congreso. Y de hecho impuso un arancel global del 10%, que tira por tierra todos los acuerdos particulares que hizo Trump en los últimos meses. Pero ese arancel, pensado para cuando hubiera problemas de balanza de pagos, solo puede tener una vigencia de 150 días. De ahí en más solo puede continuar con aprobación del Congreso.  

Y, por último, es muy importante, destacar parte del mensaje del juez supremo Neil Gorsuch, nombrado por Trump en su primera presidencia. “Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede ser tentador eludir al Congreso cuando surge un problema acuciante. Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo fue el propósito central de su diseño. A través de ese proceso, la Nación puede aprovechar la sabiduría combinada de los representantes electos del pueblo, no solo la de una facción o un hombre. Allí, la deliberación modera los impulsos y el compromiso transforma los desacuerdos en soluciones viables. Y dado que las leyes deben obtener un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, tienden a perdurar, permitiendo a la gente común planificar sus vidas de maneras que no pueden cuando las reglas cambian día a día. En resumen, el proceso legislativo ayuda a garantizar que cada uno de nosotros tenga un interés en las leyes que nos gobiernan y en el futuro de la Nación. Para algunos hoy, el peso de esas virtudes es evidente. Para otros, puede que no parezca tan obvio. Pero si la historia sirve de guía, la situación cambiará y llegará el día en que quienes se sientan decepcionados por el resultado de hoy apreciarán el proceso legislativo como el baluarte de la libertad que es”.

Una reflexión judicial digna de ser encuadrada. Lo de la Corte y lo del juez Gorsuch.

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Opinión:

Comments (5)

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