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Milei y Lula, entre la libertad y la igualdad
Ricardo Peirano, 11 de agosto de 2026

La relación entre Javier Milei y Luiz Inacio “Lula” da Silva nunca fue buena. Aparte de los egos, Milei siempre sintió desprecio personal por el “socialista” Lula y se alineó fuertemente con su amigo (si es que Milei tiene amigos) Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil y actualmente en prisión por la supuesta incitación a impedir el cambio de mando en enero de 2023. Lula, por su parte, por su ideología y por pretender asumir el destino imperial de Brasil, desprecia a Milei y a la Argentina que emergió de la crisis peronista. Nunca se llevaron bien. Más bien se llevaron muy mal.
El pasado fin de semana la tensión escaló varios grados cuando Milei fue a San Pablo al acto de proclamación de Flavio Bolsonaro, hijo de Jair y nuevo candidato a presidente para las elecciones de octubre en las que Lula busca su segunda reelección.
En ese acto político, Milei se despachó duramente contra Lula y contra el Tribunal Supremo Federal de Brasil por la prisión de Bolsonaro padre. Milei no se limitó a “opinar” sobre asuntos internos de otro país y desde dentro de ese país, sino que entró en el campo de los insultos de baja estofa. A Lula lo trató de o tildó de “ladrón” y “presidiario” y se refirió a la “escoria socialista” / “basura socialista” / “payasada socialista”.
Al juez De Moraes lo trató de “basura calva” (por ser totalmente calvo) y criticó que no lo dejaran visitar al ex presidente Bolsonaro cuando, en cambio, Lula pudo visitar a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria y Alberto Fernández pudo visitar a Lula cuando estaba preso. La verdad es que en Argentina y Brasil, con ex presidentes presos, están en condiciones de llegar el Libro Guinness y cada uno tiene sus disputas contra el supuesto “lawfare” que regiría en cada país aunque de signo opuesto: en Argentina un “lawfare” de derecha y en Brasil uno de izquierda.
La escalada de Milei en el estadio de Pacaembú generó el llamado a consultas del embajador brasileño en Buenos Aires y un pedido de explicación al embajador argentino en Brasil. Las llamadas a consulta del embajador suelen ser el prolegómeno de la ruptura de relaciones o de un congelamiento de las relaciones a un nivel más bajo. Es de esperar que no se llegue a ese nivel porque Argentina y Brasil tienen muchísimos intereses en común y aún bajo los gobiernos de Lula y Milei han coordinado políticas y el propio Lula se hizo cargo de la embajada argentina en Caracas cuando Maduro, en violación de las normas internacionales, la sitió para llevarse a políticos venezolanos refugiados allí.
Más allá de las discrepancias personales e ideológicas entre el “socialista” Lula y el “liberal” Milei, no es lógico que ambos países se encuentren en una riña de gallos.
Es verdad que ellos son parte de una disputa más global entre China y Estados Unidos. Y a nadie escapa que Lula se siente muy a gusto con Xi Jinping (a quien llamó por teléfono el domingo de tarde, poco después del exabrupto de Milei). Y que el presidente argentino lleva agua para el molino de su mentor, Donald Trump, a quien imita incluso en las diatribas e insultos a adversarios tanto internos como externos.
Más allá de una disputa geopolítica de proporciones globales, que incluye la carrera por liderar el desarrollo y aplicación de la Inteligencia Artificial, resulta lamentable observar la interferencia en asuntos internos de otro país y aprovechando la visita a ese país.
Es verdad que esto viene siendo algo normal en la presidencia de Milei. Ya tuvo un episodio similar en España, cuando con motivo de un acto político del partido de derecha VOX en mayo de 2024 aprovechó para despacharse a gusto contra Pedro Sánchez. Ese episodio tampoco terminó bien. España llamó a su embajadora en Argentina en consultas y la retuvo hasta diciembre de 2024. Se ve que las consultas son largas en España, sobre todo si son para mostrar el enojo con otro país.
Pero no hace bien a la causa de la libertad estos continuos ataques de Milei a propios y extraños, con insultos soeces que podrían dar motivo a juicios por injurias, solo por el grave “pecado” de pensar distinto.
Es que en el fondo Milei no es un verdadero liberal. No cumple siquiera con las condiciones que el mismo establece para un buen liberal. Milei siempre cita, o citaba, la definición de liberalismo de su mentor Alberto Benegas Lynch (h). ‘El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”.
Si algo falta en las palabras y en los actos de Milei es precisamente el “respeto del proyecto de vida del prójimo” y el “respeto del principio de no agresión”. Y no solo en el exterior, donde la agresión viola el principio de no intervención en asuntos internos de cada país sino en su porpio país. Milei quizá contente a parte del electorado con su estilo confrontativo pero no va a construir la institucionalidad que Argentina necesita para salir delante de su gran decadencia y de las graves crisis económicas que lo aquejan desde hace años.
Y para ello Milei necesita algo más que fanáticos que aplauden cualquier cosa que diga. Necesita hablar y trabajar con aliados que permitan reconstruir el estado de derecho, la independencia de la justicia, la separación de poderes, el respeto de los contratos nacionales e internacionales, etc. En definitiva, todas aquellas características propias de una república democrática.
Por ahora el presidente argentino parece empeñado en seguir una política confrontativa y si no cambia, sus logros serán de corto plazo y fácilmente reversibles.
Es que la lucha por la libertad es mucho más compleja que la lucha por establecer políticas socialistas como hace Lula en Brasil o el alcalde Mandami en Nueva York. Al socialismo se llega con más facilidad. Como decía Tocqueville: “Creo que los pueblos democráticos tienen un gusto natural por la libertad; entregados a sí mismos, la buscan, la aman y ven con dolor que se les aparte de ella. Pero por la igualdad sienten una pasión ardiente, insaciable, eterna, invencible; quieren la igualdad en la libertad y, si no pueden obtenerla, la quieren todavía en la esclavitud”.