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No es solo la cerveza
Ricardo Peirano, 2 de setiembre de 2026

La producción de cerveza en Uruguay ha vuelto al tapete de la opinión pública con la decisión de Fabricas Nacionales de Cerveza (FNC) de cerrar su planta de Minas.
Eso implicó el envío a seguro de paro de 59 empleados. FNC ya había despedido a 74 empleados en junio de 2024. Ahora el cierre de la planta es definitivo y la producción remanente se concentrará en la planta de Montevideo, donde la empresa invertirá US4 14 millones para hacerla más competitiva.
No es la primera vez que el tema de la planta de Minas y la competitividad de la producción de cerveza en Uruguay ganan titulares en los medios de comunicación.
En mayo de 2024, durante el gobierno de Lacalle Pou, FNC anunció el cierre de su planta de Minal. El presidente salió a los medios y señaló desde el gobierno se están "haciendo todos los esfuerzos" para evitar el cierre. "estamos dialogando con la empresa y los trabajadores. Vamos a hacer todos los esfuerzos para que continúe abierta, estamos en tratativas".
Finalmente la planta no cerró pero hubo una fuerte reducción de empleados, pasando de 150 a 59. Los que ahora sí han ido a seguro de paro.
Tanto ahora como en 2024 FNC, ha aducido los altos costos de producción como razón fundamental de la falta de competitividad frente la cerveza importada. Es probable que también influya la economía de escala. Y sin duda influyen los costos de la energía (en Uruguay está bastante más cara que en Brasil y Argentina y ni que decir Paraguay) y los laborales, por el famoso acuerdo de reducción de jornada laboral alcanzado por el sindicato de la cerveza cuando lo dirigía Richard Reed.
En definitiva, para FNC es mucho más rentable importar cerveza de nuestros vecinos que fabricarla en Uruguay.
Es lo mismo que haría cualquier empresario aunque fuera de pequeña escala. Si es más barato importar que producir localmente, cualquier empresa racional cerrará su producción y se dedicará a importar y distribuir.
Es así como las cosas funcionan, salvo en el mundo paralelo de las empresas públicas uruguayas donde se sigue produciendo aunque se pierda dinero. Es el caso del portland de ANCAP en Paysandú. No importa cuánto pierda. Seguiremos perdiendo o trataremos de pasarle la pérdida a las intendencias. O sea, de una parte del estado a otra parte del estado, Maravillas del estatismo oriental: si tengo basura, en lugar de tirarla, la pongo bajo la alfombra. Donde no se vea.
Pero el problema de la cerveza no es un solamente un problema puntual sino un reflejo de una falta de competitividad en general en el sector industrial uruguayo.
La industria manufacturera (especialmente el “núcleo industrial”, que excluye grandes plantas como refinería, celulosa o concentrados de bebidas) está prácticamente estancada desde hace unos 15 años: creció apenas ~0,7% anual promedio entre 2010 y 2025, frente a más del 4% en la década anterior. Su peso en el PIB bajó (de 13% en 2008 a 10% en 2024).
La Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) insiste en que la competitividad es un “problema país” y que la baja rentabilidad desincentiva la inversión y genera riesgo de más salidas de empresas.
Hay sectores industriales con dificultades como el textil, vestimenta y cueros; el automotriz y de autopartes donde destacó el cierre de Yazaki en enero de 2025, que afectó a más de 1.000 trabajadores por “altos costos de producción” y paradas sindicales. En el sector de químicos / adhesivos y productos relacionados: Fenedur (fabricante de La Gotita, Poxipol, etc.) cerró su planta en Uruguay a fines de 2025 y trasladó operaciones a Argentina por costos y escala. Está también afectado el sector de los lácteos con ajustes en varias industrias medianas/pequeñas (Claldy, Coleme, Calcar y otras) por dificultades de mercados, escala y costos.
En resumen, el caso de la cerveza no es aislado: es apenas un árbol de un bosque más grande. Forma parte de un patrón más amplio de presión sobre la industria manufacturera tradicional uruguaya.
No haría bien el gobierno en ir caso por caso, tratando de buscar soluciones parciales como se intentó en el gobierno anterior con la única solución de retrasar el cierre de la planta de FNC en Minas.
Es preciso mirar el bosque pero es difícil que se lo haga. Cada vez que hay una reducción de empleados, por mínima y justificada que sea, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) entra en acción, mira caso por caso y busca negociaciones puntuales para revertir esa medida.
El problema está en el “costo país” y en la pérdida de competitividad que estamos teniendo no solo en la industria sino también en los servicios, donde habíamos crecido mucho.
El gobierno de Lacalle Pou buscaba “hacer todos los esfuerzos para evitar el cierre”. El actual, además de hacer eso vía el MTSS, mira el problema de competitividad en general y procura desregular sectores y actividades.
No es un programa audaz pero es un comienzo. Como comienzo hubo hace 30 años en el gobierno de Lacalle Herrera con el Programa Nacional de Desburocratización, que logró importantes avances.
Un tema crucial para bajar ese costo país es el de la energía. Es todo un capítulo aparte pero vale recordar recientes declaraciones del ex presidente de ANCAP, Ing. Alejandro Stipanicic, sobre la necesidad de modificar la gobernanza de las empresas públicas y desregular el mercado de energía que controla UTE.
Sugirió la idea de integrar UTE y ANCAP bajo una estructura común de gobierno energético, cosa lógica en momentos en que la energía eléctrica comienza a competir fuertemente con la derivada del petróleo. Sugirió también la necesidad de contar con directorios profesionalizados y mayor independencia respecto de los ciclos electorales. Cosa lógica pero que va contra la lógica de los partidos políticos, que tienen esos cargos como premio a militantes y moneda de cambio con la oposición.
Estas reformas no resolverá el problema de cerveza pero si evitarán otros cierres de empresas o facilitará el nacimiento de otras nuevas. ¿Qué pasará, ejemplo, con el hidrógeno verde que aún está a las vueltas?
Sería muy bueno que la señal que nos envía por estos días la producción de cerveza nos lleve a pensar en clave país. Porque salvo en el sector agropecuario y algo en servicios, no somos competitivos. Y ese es un lujo que un país pequeño no puede darse si es que pretende crecer en forma sostenida.