El dichoso espejo retrovisor

Ricardo Peirano, 14 de agosto de 2026

El o los espejos retrovisores de los vehículos son vitales para la seguridad del conductor. Sin ellos, no se puede saber qué ocurre a nuestro alrededor o quién está por adelantarnos por derecha o por izquierda. Pero no son tan útiles para elegir el camino y acelerar el paso.

Eso es lo que le pasa a Uruguay. Miramos por el espejo retrovisor y vemos una trayectoria límpida de la que nos sentimos orgullosos. La Suiza de América. Maracaná. La estabilidad política excepto por los años duros de la guerrilla y la subsecuente dictadura. Luego el retorno a la democracia. Y el paulatino ascenso en los rankings económicos y sociales de América Latina. Superamos en PBI per cápita a Argentina hacia el año 2020. Estamos en el top del ranking de la democracias plenas. Tenemos uno de los mejores índices de desigualdad del continente.

No tenemos graves conflictos ni fracturas sociales salvo por el declive educativo (solo la mitad de los alumnos culmina el secundario) y por el número de homicidios por cada 100.000 habitantes que nos ponen en un lugar incómodo (estamos por debajo de países como Haití, Ecuador, Jamaica, Colombia, Brasil, México, Honduras, Costa Rica o Panamá, pero por encima de Argentina, Chile, Perú, Bolivia y El Salvador). Pero como la mayor parte de los  muertos son por ajustes de cuentas entre bandas de narcotraficantes y, por ahora, solo por ahora, se dan en la periferia de la capital, no nos causa una gran preocupación.

Tenemos una “universidad del delito” que son nuestras superpobladas cárceles. Con un índice de presos por cada 100.000 habitantes que asusta y que no para de crecer. Ocupamos el primer lugar en Sudamérica, por delante de Brasil y Chile. Y estamos entre los 10-15 países con mayor tasa de encarcelamiento a nivel mundial. statista.com

Pero hacemos muy poco para que esa realidad cambie y vemos a los presos como ciudadanos de segunda o tercera categoría que no merecen derechos básicos ni atención especial para conseguir su rehabilitación.

De cualquier modo, como hemos manejado relativamente bien los temas macroeconómicos (pese a un déficit fiscal y trayectoria de deuda pública insostenibles en el mediano plazo) y no tenemos crisis severas ni aun cuando Argentina se resfría o el mundo vive un shock energético muy fuerte, desde el exterior nos miran con admiración. Y los mercados financieros muestran apetito por nuestras emisiones de deuda, que son festejadas como goles en la Copa del Mundo.

Sin embargo, en la Copa del Mundo nuestros goles fueron escasos y trabajosos. Igual que nuestra tasa de crecimiento, que se sitúa en un magro 1% anual de la última década. Un porcentaje que, como dijo acertadamente el ministro de Economía Gabriel Oddone este lunes 3, no alcanza para mantener nuestro modelo de cohesión social. Cohesión que ya viene afectada, como lo expresan los índices referidos de homicidios y encarcelamientos.

De alguna manera, eso fue lo que dijo la directora ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva, durante su reciente visita a Uruguay. Además de reconocer que “nos está yendo muy bien”. Quizá Georgieva quedó impresionada de no haber sido recibida en el aeropuerto por manifestantes con pancartas contra “el ajuste recesivo que impone el FMI”.

Es que desde hace casi 20 años no recurrimos a préstamos condicionados del FMI ni tenemos crisis de balanza de pagos. Lo que sí tenemos, y eso el FMI no lo soluciona, es una crisis de crecimiento y de inversión.

Eso si lo tiene claro Georgieva. Dijo que si bien desde afuera nos llaman “la Suiza de América”, esa “estabilidad no alcanza si no viene acompañada de crecimiento”.  

No dijo nada nuevo pero es bueno que lo haya dicho. Mejorar la logística, simplificar las reglas sobre todo para empresas pequeñas, exigir más eficiencia en los servicios públicos (que difícil esto en un sector absolutamente atrincherado en su zona de confort y con un sindicato muy fuerte para defender todos los privilegios) y prepararse para la llegada masiva de la IA.

Todo un tema la IA. Puede incrementar la productividad, también puede eliminar trabajos y crear otros nuevos. Pero en Uruguay cualquier pérdida de trabajo es un enorme drama aunque paralelamente surjan otros nuevos. Los sindicatos no miran la creación neta de empleo. No les preocupan los nuevos solo quieren mantener los antiguos y muchas veces obsoletos. La adopción de la IA va a generar terremotos en todo el mundo. En el Uruguay conservador y autocomplaciente, mucho más.

Por eso la directora del FMI recomendó dejar de mirar el espejo retrovisor  y asumir riesgos ante un mundo en profundo cambio.

Al presidente Orsi le gustó eso de “asumir riesgos”. Estaba en Artigas inaugurando un puente cuando se lo preguntaron y no dudó en responder: “Por supuesto nos pidió ser más audaces y eso está bárbaro”.

No estoy seguro de qué entiende el presidente por eso de “ser más audaces”, “tomar más riesgos”. Porque implica encarar una serie de reformas en el sector público y en la competitividad del sector privado que muy pocos se han animado a anunciar como programa y a cumplir como promesa.

Y para prueba de lo difícil de ser audaces basta la pregunta del periodista Juanchi Hounie al ministro Oddone en la misma entrevista de este lunes 3 sobre la planta de Portland de Ancap en Paysandú que pierde US$ 30 millones por año y lleva perdidos más de US$ 800 en los últimos 20 años.

Preguntado el ministro cómo podría resolverse eso declaró que no era experto en tema Portland pero que era un tema que afectaba al empleo de 300 personas y que ello era resultado de decisiones tomadas hace unos 80 años y que se requería un consenso para cambiarlo.

Muy probablemente el ministro elige qué batallas dar y debe haber definido que en la de Paysandú no hay mucho para ganar y si mucho para perder en una lucha con el poderoso sindicato de Fanacap. Pero es un tema que se repite una y otra vez en un estado que destina dinero a cuestiones accesorias y no a lo fundamental: seguridad, justicia y educación.

Aunque Georgieva no debe conocer el tema puntual del Portland de Ancap en  Paysandú, probablemente se refería a ese tipo de problemas cuando pedía más audacia y mayor “eficiencia en los servicios públicos”.

Lo bueno de la visita de la directora del FMI es que no encontró problemas graves de coyuntura pero sí problemas estructurales de mediano y largo plazo. Y si además el presidente Orsi dice que el mensaje de la directora del FMI “le encantó” y es “maravilloso” quizá tengamos alguna chance de dejar de mirar por el retrovisor y apretar el acelerador. Como país, nos va la vida en ello.

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Opinión:

Comments (5)

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