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“¡Vos sí que tenés recursos!”
Nelson Fernández, 18 de agosto de 2026

El Uruguay precisa obtener préstamos todos los años por unos 7.000 millones de dólares, que se precisan para cubrir el déficit de la caja del Estado y para cumplir los créditos obtenidos en el pasado y que vencen en el año. Por eso, cuando la economía no crece a un buen ritmo, no queda margen para más gasto público y eso obliga a ser ingenioso, a la vez que despierta ánimos de una creatividad mágica.
El equipo económico, el actual o el que esté en su lugar, apela a la necesidad de prudencia, pero siempre hay legisladores del oficialismo que pretenden “ayudar”, con la creencia que conseguir dinero es más fácil de lo que parece.
En los inicios de los años ochenta, el programa televisivo de humor “Decalegrón” tenía un sketch con un personaje que no se veía en pantalla, “El Chicho”, que se caracterizaba por la capacidad de proponer impuestos “peculiares”.
“Chicho: vos sí que tenés recursos”, le decían sus interlocutores.
Ahora, para no apelar a “impuestos impopulares” como los que gravan al consumo o los ingresos de empleados, una propuesta que está girando siempre es la de eliminar exoneraciones a inversión y quitar otro tipo de beneficios a emprendimientos empresariales.
En el partido de gobierno esa iniciativa viene girando hace tiempo y sigue presenten en un trabajo encargado a la “Comisión de Programa”, que encara propuestas sobre casi todos los impuestos existentes.
El exsenador Guido Manini Ríos propuso, en el documento sobre requerimientos para votar la Rendición de Cuentas, que una forma de conseguir recursos en base a accionar sobre la exoneraciones impositivas y beneficios a inversión privada.
Eso parte de creer que sin los beneficios igual se concretarán las inversiones, y que para que se instale en el país una planta de gran volumen, no es necesario conceder incentivos tributarios.
Es una versión moderna del imaginario impositivo de “El Chicho”.
El gobierno procuraba al inicio del período, acelerar la tasa de crecimiento económico pero un mundo con turbulencias, con brote de proteccionismo comercial irracional, guerras sin final a la vista y condiciones climáticas adversas, atentaron contra esa meta.
Para retomar crecimiento y para acelerarlo, es imprescindible que aumente la inversión, y el Ministerio de Economía trabaja empecinado en eso, con una ley de competitividad para derribar trabas a la inversión y a los negocios.
No le es fácil.
Aunque no se apliquen, aunque no se tomen en serio para llevar adelante, el replanteo de ese tipo de medidas afecta al clima de inversión, porque introduce la duda de si la persistencia de esas “ideas” podrá confluir en algo parecido.
Un gobierno no puede evitar que de su interna o de sus asociados salgan iniciativas anti inversión con periodicidad, pero habrá que reconocer que el daño, mucho o poco, se hace con esa persistencia.