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¡Qué comienzo de año!
Ricardo Peirano, Semanario Voces, 22 de enero de 2025

Un gran amigo periodista de pura cepa, nacido en Cataluña y catalán de pura cepa también, me suele mandar por Navidad o fin de año un saludo afectuoso. Pero con una característica: siempre viene con una viñeta del famoso Tintín, ese periodista creado por Hergé que ha hecho las delicias de muchas generaciones.
En esta oportunidad la viñeta mostraba a Tintín sentando una mesa con su gran amigo y compañero de aventuras, el Capitan Haddock que lucía muy agotado y agitado. El capitán, bajo la atenta mirada del fiel perro Milú, decía: “What a year, huh?”. A lo que Tintín le respondió: “Captain, it´s January”.
Al mirar para atrás en la primera quincena del 2026 comprendo perfectamente al capitán Haddock. ¡Qué año estamos viviendo y solo transcurrió la mitad de enero!
Cuando aún nos estábamos reponiendo de la corrección del “diseño” del Fonasa, confusamente anunciado por el presidente Orsi el viernes 26 de diciembre por la tarde y corregido dos veces por el Ministerio de Economía y Finanzas el sábado 27 y el lunes 29 (fechas poco propicias para elucubrar cálculos complejos para anunciar un aumento de la cápita que se les retiene a los trabajadores y jubilados y que implica una mejora de las arcas fiscales del orden de US$ 70 millones anuales), nos venimos a enterar de la captura del dictador Maduro y su esposa, de su traslado a Nueva York y de una confusa conferencia de Trump donde anuncia que le preocupa el petróleo de Venezuela más que la democracia en ese país, y que se va a apoyar en la vicepresidenta Delcy Rodríguez más que en Edmundo González o María Corina Machado para gobernar Venezuela. De hecho, también nos enteramos que a partir del sábado 3 de enero sería Trump quien “gobernaría” Venezuela hasta un posterior y nada cercano aviso.
El secretario de Estado, Marco Rubio, trató de explicar qué quería decir Trump con la expresión “iba a gobernar Venezuela” por medio de la “amable” cooperación de Delcy Rodríguez, que no quiere seguir los pasos de Maduro. En pocos días Delcy pasó a ser para Trump “una mujer fantástica con la que trabajamos muy bien”. Y al otro día de conversar con su nueva aliada chavista recibió a María Corina Machado, de quien aceptó la medalla del Premio Nobel de la Paz. Todo sea para halagar a Trump.
La extracción de Maduro generó reacciones muy diversas. Están, por supuesto, lo que consideran que en Venezuela no pasa nada, que solo unos pocos locos de extrema derecha denuncian a Maduro, que no hay presos políticos, que el control electoral de Venezuela es mejor que el de Uruguay, y que no se violaron las elecciones del 28 de julio de 2024.
Pero lo de Venezuela lo han denunciado muchas entidades independientes y, en particular, Michelle Bachelet, ex presidenta chilena y nada sospechosa de parcialidad, durante su mandato como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos (2018-2022). América Latina tenía un gran problema con Venezuela y los dos países que podían influir decisivamente -Brasil y México- miraron para otro lado, los dos con gobiernos de izquierda y diálogo fluido con Maduro. México podrá decir que bastantes problemas tiene en el norte. Pero Brasil se lavó las manos con un país fronterizo. La consecuencia de la inacción de Brasil y sus acólitos ha sido que la situación venezolana fuera a peor y acabara con la operación militar estadounidense. Que no es lo ideal y deseable, por supuesto. Pero ¿quién le va a explicar a los ocho millones de venezolanos emigrados que eso es una mala noticia?. ¿Lula? Cuando no se asumen las responsabilidades, se tienen que asumir las consecuencias y no buscar excusas. La historia será dura con esta política exterior de Lula. Y ya está pagando un precio alto en su pérdida de influencia geopolítica. Algo duro para el país que quería ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Mientras se va dilucidando la situación de Venezuela, que ya da para una serie de Netflix, en Irán hay una impresionante revuelta popular contra el régimen dictatorial de los ayatolás. Poca información, escasa condena de parte de la izquierda internacional (no hay flotilla humanitaria con Greta Turnberg camino a Teherán) que ve a Irán como enemigo de Israel, pero una rebelión en toda la regla que puede cambiar el mapa de Medio Oriente. Será mejor prestar atención a lo que allí ocurre, que a nadie va a dejar indiferente.
Al mismo tiempo, en esta vorágine de hechos Trump se plantea tomar Groenlandia, lo cual genera una enorme disputa con Europa y con la propia OTAN, de la que Dinamarca es parte y por tanto también Groenlandia. En la Casa Blanca suenan tambores de guerra y no solo de Donald Trump sino del vice Vance y del vice jefe de gabinete Stephen Miller, que han tirado por la borda todo respeto al estado de derecho y consideran que Estados Unidos puede tomar Groenlandia si lo desea.
Vance y Miller, además, que hay personas que están por encima de la ley, hagan lo que hagan como son los agentes del ICE (Inmigration and Customs Enforment).. Aunque sea matar a una señora, madre de tres hijos, en Minnesota porque no acató una orden de dichos agentes. El accionar del ICE ha sido crecientemente agresivo en la búsqueda de personas para deportar: ingresan en comercios, arrestan a jóvenes y mujeres que son ciudadanos americanos, aplican la fuerza bruta, detienen a algunos en función de su acento. Y todo ello sin orden judicial ni respeto al debido proceso.
Por si todo esto fuera poco, la semana pasada el Departamento de Justicia (un equivalente al Ministerio de Justicia que se quiere crear aquí) inició juicio penal a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. Se aducen gastos excesivos en la renovación de las oficinas de la FED y no haber ajustado suficientemente las tasas de interés a la baja, al gusto de Trump. Powell, un hombre tranquilo, emitió el domingo 11 un video de dos minutos donde se plantó a Donald Trump y defendió la independencia de la FED. Ha sido de los pocos que se animan a contradecir en público al presidente.
Mientras todo esto ocurre en la primera potencia del mundo, por estas latitudes celebramos el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea que nos puede ayudar a mover más el comercio exterior. Pero no todo serán rosas porque hay sectores industriales que serán perjudicados con la liberación de aranceles. Siempre hay ganadores y perdedores. Lo que importa es que sea el camino correcto a largo plazo y que se piensen políticas púbicas que contribuyan a amortiguar el eventual impacto negativo.
Y, como broche de oro, el presidente Orsi convocó políticos de la oposición para apoyar una política externa común. Tarea difícil dadas las diferencias que hay respecto a la situación en Venezuela, en Irán y en Medio Oriente con el apoyo a Hamas y la causa palestina por parte de muchos sectores del FA.
Ello será tema de la segunda quincena de enero, cuando las aguas estén más calmas o más revueltas. Porque el año viene agitado y muy cascoteado en lo que al estado de derecho se refiere. Mucho más agitado de lo que pensé en mi última columna del año pasado para VOCES donde advertía que 2026 sería “un año crítico”.