Shopping cart
Your cart empty!
Terms of use dolor sit amet consectetur, adipisicing elit. Recusandae provident ullam aperiam quo ad non corrupti sit vel quam repellat ipsa quod sed, repellendus adipisci, ducimus ea modi odio assumenda.
Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Sequi, cum esse possimus officiis amet ea voluptatibus libero! Dolorum assumenda esse, deserunt ipsum ad iusto! Praesentium error nobis tenetur at, quis nostrum facere excepturi architecto totam.
Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Inventore, soluta alias eaque modi ipsum sint iusto fugiat vero velit rerum.
Sequi, cum esse possimus officiis amet ea voluptatibus libero! Dolorum assumenda esse, deserunt ipsum ad iusto! Praesentium error nobis tenetur at, quis nostrum facere excepturi architecto totam.
Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Inventore, soluta alias eaque modi ipsum sint iusto fugiat vero velit rerum.
Dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Sequi, cum esse possimus officiis amet ea voluptatibus libero! Dolorum assumenda esse, deserunt ipsum ad iusto! Praesentium error nobis tenetur at, quis nostrum facere excepturi architecto totam.
Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Inventore, soluta alias eaque modi ipsum sint iusto fugiat vero velit rerum.
Sit amet consectetur adipisicing elit. Sequi, cum esse possimus officiis amet ea voluptatibus libero! Dolorum assumenda esse, deserunt ipsum ad iusto! Praesentium error nobis tenetur at, quis nostrum facere excepturi architecto totam.
Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit. Inventore, soluta alias eaque modi ipsum sint iusto fugiat vero velit rerum.
Do you agree to our terms? Sign up
El discurso del rey
Ricardo Peirano, 15 de mayo de 2026

Fue una gran película. Ganó 4 Oscars incluidos a la Mejor Película, al Mejor Director y al Mejor Actor. Se basó en hechos reales. El discurso que debió pronunciar a los ciudadanos británicos y de la Commonwealth el Rey Jorge VI al inicio de la Segunda Guerra Mundial para anunciar que Gran Bretaña debía entrar el batalla por segunda vez en el siglo XX para evitar que prevaleciera “la ley de fuerza”.
La película se centra en las dificultades oratorias de Jorge VI y cómo tuvo que acudir a un terapeuta para superar esas carencias, y para ganar confianza en un momento crítico: el primer discurso por radio a la nación británica donde anunciaba malas noticias y pedía sacrificios. Pero el discurso salió muy bien y fue muy claro. Entre otra cosas el rey Jorge dijo: “Hemos sido forzados a un conflicto. Pues somos llamados, junto con nuestros aliados, a enfrentar el desafío de un principio que, si prevaleciera, sería fatal para cualquier orden civilizado en el mundo. Es el principio que permite a un Estado, en la búsqueda egoísta del poder, ignorar sus tratados y sus solemnes promesas; que sanciona el uso de la fuerza o la amenaza de la fuerza contra la soberanía e independencia de otros Estados. Tal principio, despojado de todo disfraz, no es más que la primitiva doctrina de que “la fuerza es el derecho”; y si este principio se estableciera en todo el mundo, la libertad de nuestro propio país y de toda la Mancomunidad Británica de Naciones estaría en peligro”.
Más 80 años después, otro monarca británico se enfrentó a la tarea de dar un discurso de suma importancia en momentos de grietas y discordancias graves en el seno de la alianza atlántica.
Le correspondió a Carlos III, nieto de Jorge VI, dar un discurso en el Capitolio norteamericano en momentos en que la relación especial entre Estados Unidos y Gran Bretaña (la famosa “special relationship”) está en uno de sus puntos más bajos y, para algunos, a punto de romperse. También es un momento en que está en juego la lucha entre la primitiva doctrina “La fuerza es el derecho” que parece guiar a la administración Trump, y una alianza basada en principios y valores comunes que, de una manera u otra, unen a los países europeos con los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial.
El discurso de Carlos en el Capitolio llega, también, en una época especial: la celebración de los 250 años de la independencia de los Estados Unidos de la tutela imperial de Gran Bretaña. No dejaba de ser curioso que quien fue derrotado asistiera a los festejos de esa épica lucha.
Para Carlos III también es un momento bisagra. Los escándalos de su hermano Andrés y la problemática relación con su hijo Harry plantean problemas a la monarquía. Ya no goza de tanta aceptación como en tiempos de su madre.
Pero en su discurso al Congreso durante su visita a Estados Unidos, Carlos III estuvo a la altura de las circunstancias y superó las expectativas de propios y extraños. Logró algo muy difícil en estos tiempos de aguda polarización: una gran ovación tanto de demócratas como republicanos. Y, más aún, todo ello sin dañar su buena relación con Donald Trump, a quien cantó unas cuantas verdades durante su alocución.
El monarca británico, conocido por su diplomacia y moderación, pronunció un discurso que, sin confrontaciones directas, recordó principios fundamentales de la alianza transatlántica, el multilateralismo y la responsabilidad compartida.
Carlos III evocó la solidaridad demostrada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. “NATO estuvo allí para Estados Unidos después del 9/11”, recordó. Invocó el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte —activado por primera vez en la historia— y destacó el compromiso de tropas británicas en Afganistán junto a las fuerzas estadounidenses. Este mensaje adquirió especial relevancia en el contexto actual, al afirmar que “la misma determinación inquebrantable es necesaria hoy para la defensa de Ucrania y su valiente pueblo”. Algo de los que la administración Trump parece desentenderse.
Otro tema capital fue la defensa de la separación de poderes y toda la arquitectura política de una república. El rey subrayó la importancia de que el poder ejecutivo esté sujeto a controles y equilibrios (checks and balances), un pilar constitucional estadounidense, e implícitamente invitó a reflexionar sobre el equilibrio de poderes en tiempos de fuerte liderazgo presidencial basado en “ordenes ejecutivas”. Parecía una contradicción que un monarca reivindicara estos principios republicanos frente a un presidente elegido por voto popular.
Más allá de los puntos concretos, el rey tejió un relato de reconciliación y renovación entre las dos naciones. Citando la historia compartida —desde la independencia hasta las dos guerras mundiales y la Guerra Fría—, instó a mantener la unidad frente a los desafíos globales: conflictos en Europa y Oriente Medio, amenazas a la seguridad y la urgencia climática.
Este discurso marca un hito: es la primera vez que Carlos III se dirige al Congreso como rey, siguiendo los pasos de su madre, Isabel II, en 1991. En 200 años desde la ruptura, el Reino Unido y los Estados Unidos han construido una de las alianzas más duraderas de la historia moderna. El monarca recordó que, en tiempos de incertidumbre, los valores compartidos —democracia, libertad y responsabilidad internacional— siguen siendo el mejor faro. Lejos de ser un mero acto protocolario, la intervención de Carlos III funcionó como un claro recordatorio de que la grandeza de una nación también se mide por su capacidad de escuchar, cooperar y mirar más allá de sus fronteras. En un Congreso a menudo polarizado, el rey ofreció un discurso que buscó unir en torno a lo esencial.
Carlos III no fue a dar lecciones, sino a recordar lealtades probadas y responsabilidades pendientes. Su mensaje diplomático y cortés resonó con fuerza: la alianza atlántica, el apoyo a Ucrania, el respeto institucional a los fundamentos de un gobierno de poder limitado por el rule of law, y la protección del planeta no son opciones partidistas, sino imperativos compartidos.
En el 250 aniversario de la independencia americana, el rey británico rindió homenaje a la amistad histórica, pero también revindicó a los Padres Fundadores de los Estados Unidos y los principios del estado de derechos (incluidos los generados en la Carta Magna de 1215, génesis de la institución parlamentaria) e invitó a la reflexión madura sobre el futuro común.
Un discurso para leer con calma. Algo fundamental en estos tiempos de graves fracturas y de pérdida de valores comunes.