Oddone y un mensaje más allá de los empresarios

Ricardo Peirano, 20 de mayo de 2026

El ministro de Economía, Gabriel Oddone, dejó días atrás una frase potente. Dijo que muchos empresarios siguen esperando cosas que no van a pasar y que tienen que empezar a internalizar una nueva realidad económica. Hablaba, sobre todo, del dólar y de la idea de que Uruguay ya no es aquel país más cerrado, más inflacionario e inestable que durante décadas condicionó decisiones y comportamientos. “Eso se terminó”, afirmó.

El mensaje, sin embargo, va bastante más allá del tipo de cambio. En el fondo, plantea que Uruguay debe acostumbrarse a funcionar como una economía más abierta, más estable y más previsible. Un país donde ya no sea normal convivir con inflación alta o pensar permanentemente en mecanismos defensivos propios de otra época. Aunque todavía existen límites importantes, entre ellos los que impone el Mercosur, la idea de Oddone apunta a un cambio cultural además de económico. 

En ese sentido, Oddone fue contundente. “Hay cosas que la comunidad empresarial tiene que empezar a internalizar”. Se refería sobre todo a que no habría medidas significativas sobre el tipo de cambio y sobre algunos cambios impositivos que ya han venido en el Presupuesto de 2025 y sobre otros que vendrán como el IVA personalizado.

También señaló Oddone que, obviamente, le preocupa el deterioro de las expectativas empresariales. “Eso es algo que subyace. Si además el gobierno no transmite bien, el escenario internacional se vuelve más difuso y la economía crece de manera mediocre, es un caso perfecto (para generar incomodidad)”. Y a continuación dijo que es “En la cabeza empresarial tenemos que generar una vuelta de tuerca de que estamos en transición”.

Ahora bien, si ese planteo vale para los empresarios, también debería valer para otros sectores corporativos e ideológicos que siguen mirando al país con lentes del pasado. Y ahí aparece la discusión sobre el sistema previsional que no termina de laudarse pese a que la población lo ha hecho en forma clara y contundente.

Las iniciativas impulsadas desde el PIT-CNT para debilitar a las AFAP o limitar el régimen de ahorro individual responden a esa lógica del “viejo país” que el ministro de Economía dice querer dejar atrás. El intento de derogarlas por plebiscito y varias propuestas planteadas en el Diálogo Social van en esa dirección. No solo porque vuelven a discutir reformas instaladas hace tres décadas, sino porque transmiten una fuerte desconfianza hacia instrumentos que hoy forman parte de la estructura previsional de muchos países.

Hubiese sido bueno, en ese mismo escenario, que el ministro hubiera empleado la misma contundencia con otros grupos corporativos que siguen anclados en el pasado o que persiguen una utopía socialista que en ningún lado dio resultado.

El problema no es solamente económico. También tiene una dimensión institucional. Uruguay construyó buena parte de su prestigio sobre ciertas continuidades: respeto por las reglas, estabilidad jurídica y cumplimiento de acuerdos. Reabrir permanentemente debates ya resueltos o poner en cuestión marcos previsionales consolidados genera incertidumbre en un terreno donde la confianza es central.

No es casual que agencias calificadoras, consultoras y distintos analistas hayan advertido sobre los riesgos de alterar el sistema previsional. Incluso CPA/FERRERE, estudio donde Oddone desarrolló buena parte de su carrera profesional, ha señalado los costos que tendría retroceder en esa materia.

Si el “viejo país” era el de la inflación alta, la economía cerrada y la dependencia de un dólar elevado para corregir problemas, también lo es el país que mira con desconfianza el ahorro previsional manejado profesionalmente, que se niega a discutir los cambios demográficos de fondo y que vuelve una y otra vez sobre reglas que necesitan estabilidad para generar confianza. 

La lógica de estos sectores parece ser: “fuimos por todo y perdimos (con el plebiscito), ahora vamos a hacer como con el salame. Ir por partes hasta liquidar el todo pero sin que genere mucho ruido”.

Por lo demás, volviendo a los empresarios y sus expectativas, hay sí cosas que esperan y que son muy razonables como la desregulación de pesadas normas burocráticas que influyen en el “costo país”, la reducción del número de funcionarios públicos que anunció tanto el último gobierno del FA como el de la Coalición Republicana y que no se concretó nunca, la mejora de la gobernanza de las empresas públicas de la que ya nadie habla, la apertura de la economía, la reducción de la presión fiscal, la reducción del costo de insumos vitales como el de los combustibles y de la energía en general, la finalización de huelgas disruptivas como las que ocurren con demasiada frecuencia en el puerto de Montevideo y en el sector pesquero, la mejora de la educación pública. 

Todos los empresarios esperan, también, que se termine con la pérdida de US$ 30 millones anuales en la planta de portland de Paysandú. ¿Es tan difícil dar esa buena señal que además indica lógica de buena administración de los recursos públicos?

Oddone centró su argumentación del “viejo país”, sobre todo, en el tipo de cambio. Sin embargo, sin entrar en esa discusión agotadora se podrían mejorar la competitividad y el clima de negocios. Esas reformas no parecen estar en la agenda del gobierno. De hecho, Oddone dijo “no creo que tengamos condiciones políticas para una revisión general del precio de la energía”. ¿Será porque no hay apoyo de su propia fuerza política?

A la hora de pensar el país del futuro, además de la política cambiaria, una economía abierta exige un Estado que no perjudique la competitividad y no sea una barrera para  la atracción de inversiones, La versión de Oddone fue claramente incompleta. Es verdad que en las aspiraciones  empresariales hay cosas que son de un viejo país. Pero hay otras muchas a las que aspiran y que son de un nuevo país más libre, más abierto, más desregulado.

¿Será que tampoco ocurrirán esas cosas? Estaría entonces más que justificado el deterioro de expectativas empresariales. Y el futuro del país claramente más comprometido.

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Opinión:

Comments (5)

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